A casi una semana de la enorme riada que devastó varias comunidades de la frontera entre Nepal y la región china de Tíbet, las autoridades han contabilizado 955 muertos y 4.471 personas desaparecidas.
En condiciones peligrosas y bajo la amenaza de una nueva crecida, los rescatistas redoblan sus esfuerzos para intentar sacar posibles sobrevivientes del mar de barro que sepultó a la entidad.
Los funcionarios han contado con el apoyo de países como India, Corea del Sur y China. Este último también desplegó operativos de búsqueda en las áreas del Tíbet que fueron alcanzadas por la inundación, cuya fuerza destruyó el puesto fronterizo de Gyirong así como centenares de viviendas y otras estructuras.
El desastre ocurrió tras el desprendimiento del lecho rocoso que sostenía un glaciar de gran altitud en Nepal, lo que aumentó el nivel del río Bothekoshi y provocó varios deslizamientos de tierra.






